En lo alto del gasómetro de la General Paz, Zerphiros y Nuk-kayn miraban la luna mientras hablaban. El cielo estaba despejado y la ciudad murmuraba las actividades de la noche.

—Me alegro que hayás recuperado el semblante —le dijo el león negro mientras se sentaba al borde del gasómetro.

—Nunca sentí tanto dolor —mientras hablaba, Nuk-kayn se acariciaba el costado, recordaba cuando Ranut lo había convertido—. ¡Tenemos que parar a Ranut!

—Tranquilo, Manuel, esta lucha es mucho más grande de lo que podés imaginar. Los Kurtnar son muy antiguos, y Ranut no es un tipo cualquiera: es un comandante, un ser al cual no querés de enemigo.

—Es tarde para eso, ¿no? —contestó Nuk-kayn mientras se sentaba al lado de su amigo—. La serpiente me quiere ver muerto, no dejo de pensar que él fue el responsable de...

—En este mundo pasan cosas horribles —lo interrumpió el león mientras le ponía la mano en el hombro—. Los Kurtnar son responsables de muchas, pero hay gente que es egoísta y mala sin ayuda de nadie. ¿Alguna vez te conté algo de mi raza?

—Nunca tuvimos mucho tiempo para conversar, querido amigo —le contestó Nuk-kayn mientras reía.

—Soy un Kaldyan. Mi raza es muy antigua, somos guardianes de la luz, por generaciones nuestra tarea fue luchar contra los Kurtnar —Zerphiros miró al cielo como quien busca algo perdido, después apuntando a una estrella en el firmamento dijo—: Esa estrella es la que orbita mi planeta, Layan es su nombre.

—Tanto tiempo metido en medio de una maldita guerra extraterrestre —dijo Nuk-kayn mirando al cielo—. ¿Están peleando por nuestro planeta? ¿Mi familia fue un simple daño colateral? Tengo tantas preguntas… tanta rabia…

—Como te dije antes, amigo mío, esto es mucho más grande de lo que te podés imaginar. Los Kurtnar están en incontables planetas, y no sé si Ranut planificó lo que le pasó a tu familia, pero sí sabemos que usó tu dolor para convertirte en un Gukden. Y algo me dice que eras importante para algún plan retorcido, un plan que necesita de un nuevo jugador para concretarse.

—Hace mucho me dijiste que era un Gukden, pero sigo sin saber qué es…

—¡Claro! Mis disculpas —le contestó Zerphiros mientras se llevaba una mano a la cara—. No creo que te guste la respuesta… En palabras simples, desde que Ranut te corrompió, sos un Kurtnar —antes de continuar, el león negro observó cómo reaccionaba Nuk-kayn. Al ver que este simplemente lo miraba confundido, continuó—: Un Kurtnar no nace, ni siquiera el Rey oscuro, Fobertok, nació siendo uno. Todos fueron creados a partir de rituales impuros. La... buena noticia, es que sos un Gukden, un Kurtnar menor. Tu contacto con la oscuridad depende plenamente de tus emociones, y aunque suene cursi, el amor es lo que te mueve, el amor por tu familia, el recuerdo de ella, por eso la luz del cristal te protege y te libera.

Nuk-kayn estaba procesando todo. Su corazón era un torbellino de emociones: por un lado, quería vengarse de quien le había arrebatado a su familia, pero no podía ignorar que ahora era una pieza más de un partido de ajedrez del cual no entendía del todo. Tal vez estropeando los planes de Ranut podría tener algo de venganza y a su vez ayudar en esta puja cósmica.

Un dolor punzante interrumpió los pensamientos de Nuk-kayn; la venganza lo llamaba.

—Tengo que irme —dijo Nuk-kayn mientras se sostenía la cabeza, intentando de alguna manera mitigar el dolor—. Están por asesinar a un nene, ya mataron a su familia…

—¡Vamos! Te prometo por mi honor salvar su vida —dijo Zerphiros mientras ayudaba a su amigo a incorporarse.

Ambos seres respondieron al llamado del niño, que se encontraba a una distancia de 20 minutos… en auto. Recorrieron techos y patios con agilidad sobrehumana. De alguna manera, Zerphiros seguía sorprendiendo a Nuk-kayn: era increíble ver a un ser tan grande moverse con tanta velocidad y agilidad. En cuanto llegaron al lugar, el olor metálico de la sangre llegó y alertó sus sentidos. Ambos entraron impacientes. En el piso, dos adultos, un hombre y una mujer, yacían inertes. A su lado, un niño inconsciente era sometido por un ser espantoso, con escamas blancas y garras manchadas de sangre.