Al ver a Brokiru, los ojos del elfo se iluminaron y una sádica sonrisa deformó su rostro. Dejó caer a Argento, quien fue recogido por la Kaeru para después apartarse del camino de los titanes.

—¡Brokiru… el renacuajo azul de Temallum, el héroe del pueblo de los anfibios más sucios de Temallum! —El elfo se había olvidado de la elegancia; ahora sonaba iracundo, como quien se reencuentra con un viejo y odiado enemigo.

—Los elfos hablan mucho, ¿qué te parece si retomamos donde nos quedamos la última vez? —dijo Brokiru con tranquilidad, una tranquilidad que incomodaba mucho más que la ira del elfo.

El aire se cargó de una energía imposible de describir con palabras. Hilos de luz azul y de oscuridad bailaban y se entrelazaban. Ambos contrincantes cargaron a la batalla: los pasos de Brokiru eran rápidos pero pesados, los del elfo eran ágiles y elegantes. Kurtar lanzó una estocada directo a la cabeza del Kaeru, pero este la esquivó con gran facilidad. El choque de las armas tronaba e iluminaba el lugar.

—¿Por qué a ustedes les gusta hablar tanto? —contestó Brokiru, empujando al elfo y logrando asestar una estocada en uno de sus costados.

Mientras los combatientes libraban su batalla, Argento y la Kaeru tenían una pequeña conversación…

—¡Hey! ¿Estás bien? —le preguntaba la Kaeru a Argento.

—Sí… sí —contestó Argento, disimulando que tenía el orgullo un tanto herido.

—No sé si es el momento ideal para esto… me llamo Nablume —le dijo la Kaeru mientras lo ayudaba a sentarse en una roca.

—Un gusto, Nablume, podés llamarme Argento —contestó él, intentando hacer una reverencia elegante.

La batalla giraba a favor del elfo oscuro. Su odio y rencor eran implacables, y Brokiru, aunque legendario, estaba fuera de forma gracias a años de adoración a la cultura popular de la Tierra. Kurtar logró asestar un contundente golpe con el pomo de su espada, lo que hizo tambalear al Kaeru.

—Elfito… elfito —contestó Brokiru con picardía—. ¿Por qué siempre tan arrogante? La jovencita de ahí llamó a un viejo amigo tuyo… no podía sacarle la diversión, ¿no?

En los cielos, una gran nube verde se formó y con ella trajo truenos que sacudieron la tierra. Un rayo impactó directo donde ellos se encontraban. Un enorme y musculoso orco se encontraba ante ellos, vestido con pieles gruesas y una cabeza de oso como casco. Detrás de él, unas enormes alas de plumas verdes y rojas asomaban.

—¡Raki…! —dijo Kurtar atónito.

—¡De pie, elfo! ¡Deja a ese escamoso en paz y enfréntate con un guerrero de verdad! —rugió el ángel orco.

Raki se abalanzó sobre el elfo a toda velocidad. Kurtar intentó defenderse con su espada, pero la ira del orco era superior.

—¡¿Qué haces tú con esta espada?! —preguntó Raki con indignación—. ¡Esa espada está en Temallum! ¡El Rey Oscuro te engaó, elfo estúpido!

Con un gran y fuerte aleteo, Raki se impulsó hacia el cielo para después caer en picada con un ataque brutal. El golpe dejó a Kurtar inconsciente en el suelo.

—¡¿Qué hace un humano en este lugar?! —gritó furioso Raki mientras se dirigía hacia Brokiru.

—Lo que mi aprendiz trataba de decir —dijo Brokiru interponiéndose— es que es una Tulpa, no es un humano. Ya le hice las pruebas.

—¿Y tu máscara? —preguntó el Kaeru a Argento.

—La perdí en la pelea con las arañas —contestó Argento—. Pero ustedes tampoco las usan, así que no pasa nada.

—Lo que no entendés, amiguito mío —explicó Brokiru— es que técnicamente la máscara era parte de tu cuerpo. Tal vez que la perdieras significa que estás adquiriendo una entidad propia.

—¡Es un honor estar en presencia del Kaeru azul! —exclamó Nablume con emoción—. ¿Cómo aguantaste tantos años?

—Una buena dieta, escuchar Almafuerte todas las mañanas y, sobre todas las cosas, el mate, piba. ¡El mate es fundamental!

Raki interrumpió la charla, cargando al elfo inconsciente. —Tengo que llevarlo lejos. Los oscuros están preparando algo, y tu llegada a este mundo no creo que sea coincidencia… El tiempo dirá si eres un ser de luz o de oscuridad.

El orco gritó un conjuro final: —¡LUX DRENGAR! ¡RIF THAU MYRKRIN!

Los dos desaparecieron en un resplandor verde. Brokiru se estiró y miró a sus compañeros: —Bueno, parece que tenemos una nueva integrante en el equipo. ¡Hay que seguir el camino!